sábado, 13 de octubre de 2012

MODULO 1 - FORO ESTÍMULOS JOSE

Queridos todos:

Pedir a un grupo de personas que cuenten anécdotas de comunicación intercultural suele dar pie a un sinfín de historias a cuál más curiosa, y esto se ve muy bien en vuestros mensajes. Leyendo lo que habéis escrito, veo tres grandes tipos de historias:

- Malentendidos puramente lingüísticos o paralingüísticos: significados inesperados de una palabra (por ejemplo, tabuísmos como "coger" en algunas zonas hispanohablantes), pronunciaciones inadecuadas (la confusión entre "I can't" y... la otra palabra), interpretaciones erróneas del lenguaje no verbal (movimientos de cabeza para decir "sí" y "no" en Grecia, Turquía y otros países de la zona)...

- Situaciones embarazosas relacionadas con el desconocimiento de ciertos estilos comunicativos o normas socioculturales (por ejemplo, la manera de expresar interés en una conversación con personas de otro sexo).

- Casos en los que lo lingüístico y lo sociocultural se mezcla: si para los italianos y los franceses "mezzogiorno / midi" son las doce, y para los españoles "mediodía" es otra cosa muy distinta, ¿se trata solo de una diferencia de significado de una palabra, o hay algo más, tal como sugiere Marco?

Lo cierto es que, al utilizar la lengua, en todo lo que decimos hay un trasfondo cultural del que, a menudo, no somos conscientes. Esta misma tarde, sin ir más lejos, en mi Escuela Oficial de Idiomas hemos hecho una prueba de nivel para los nuevos estudiantes. Una de las tareas de expresión escrita que tenían que hacer los alumnos consistía en rellenar un formulario sencillo, en el que, entre otras cosas, aparecía una casilla con la frase "estado civil". Había personas de distintos países y, entre ellos, unos cuantos estadounidenses. Pues bien: la mayoría de los estadounidenses (incluso los de niveles avanzados) han contestado cosas como "Estado civil: Oklahoma (o Texas, o Nuevo México...)". Esto no lo han hecho personas de otros lugares del mundo... ¿Problema lingüístico o desfase sociocultural? Sin duda, lo segundo ha influido en lo primero.

En alguno de vuestros mensajes mencionáis que puede haber malentendidos no solo entre hablantes de distintas lenguas, sino entre personas de distintas comunidades que hablan la misma lengua. Y alguien decía: "compartimos la misma lengua, pero no el mismo código". Bueno, en realidad la lengua es un código, y ese código sí es (en buena medida) compartido. Lo que no es tan común ni tan compartido es el conjunto de normas más o menos tácitas que rigen buena parte de los intercambios (verbales o no verbales) de todos los días.

De todo esto vamos a hablar con más detalle en los distintos módulos del curso. No es que el curso se vaya a centrar en un catálogo de situaciones potencialmente problemáticas, nada de eso: de lo que vamos a hablar, ante todo, es del modo en que los aspectos psicológicos del hablante (en parte individuales, y en parte fruto de su entorno), sus ideas, creencias, intenciones... influyen en el uso de la lengua y en la interpretación de las palabras de los demás. Es decir, nos fijaremos en las relaciones entre la lengua como código o sistema y la lengua como herramienta de comunicación, esto es, entre la lengua y los hablantes.

Como pequeño regalo de principio de curso, os adjunto un texto que a veces he utilizado en clase de ELE (con niveles avanzados), para hablar de cuestiones como el shock cultural, las experiencias en otros países, etc. Son experiencias y reflexiones de una japonesa que vive en España. Me gusta especialmente la parte en la que la autora describe su clase de ikebana y cómo el distinto modo de entender la intimidad, la comunicación y la relación interpersonal conduce a sus alumnos españoles y japoneses a comportamientos lingüísticos completamente distintos.

Si lleváis el texto a clase, ya me contaréis...

Hasta pronto y a seguir,

José

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Hola, Jorge y compañeros:

En realidad, yo no pretendía que os centraseis en el aula al presentar vuestras anécdotas. Sin embargo, en dos o tres mensajes habéis hecho referencia a ella. Aprovecho pues la ocasión para poner en relieve algo que no nos puede pasar por alto, como profesores o futuros profesores de ELE: efectivamente, el aula de ELE es en sí misma un espacio de comunicación intercultural de pleno derecho, y es importante que seamos conscientes de esta realidad, porque tiene consecuencias muy importantes para nuestra labor.

Como ejemplos de esta cuestión, os presento dos situaciones muy distintas, con las que me he encontrado en diferentes momentos de mi vida profesional:

1. Uno de mis primeros trabajos al acabar la licenciatura, hace ya muchos años, fue el de lector de español en la Universidad de Abidjan, en Costa de Marfil. Como excolonia francesa, la cultura académica de ese país está (¿estaba?) muy influida por las maneras de la antigua metrópoli. En la universidad, los estudiantes trataban de usted a los profesores, y estos de tú a los alumnos (tanto en español como en francés). Yo tenía entonces 25 años, y por edad, origen geográfico (España) y generación (yo estudié la licenciatura en los años 80, con profesores jóvenes y progresistas) me resultaba extrañísimo ser tratado de usted. Para mis alumnos era todo lo contrario: la mayoría no había salido de su país y, para ellos, dentro del mundo académico, el "tú" estaba reservado a compañeros... ¿Debía pedirles que me tratasen de tú? Si lo hacía, podían pensar que yo (al fin y al cabo, una persona de su misma edad) era un profesor de una categoría "distinta" a la de los demás... ¿Debía entonces exigirles el "usted", a pesar de mi edad y de los usos propios de mi cultura...?

2. Desde hace algunos años, enseño español en Madrid, en las Escuelas Oficiales de Idiomas. Allí hay alumnos adolescentes y adultos, de muchos países e idiomas, juntos en una misma aula. Eso supone no solo diferencias lingüísticas, claro, sino también actitudes muy diferentes ante --por ejemplo-- la participación en clase y el error; esta diferencia es especialmente visible en los niveles más bajos, ya que los alumnos de niveles superiores suelen llevar varios años en España y están acostumbrados a nuestro tipo de enseñanza, etc. Algunos alumnos asiáticos de primer y segundo curso, en especial alumnos chinos, tienden a ser reacios a contestar a una pregunta si no están seguros de saber la respuesta. En ciertos casos, incluso prefieren mantenerse en silencio, mirando al suelo, antes que dar una respuesta equivocada. ¿Qué conviene hacer en estos casos? ¿Insistir hasta que el alumno responda? ¿Respetar su silencio y hacer la pregunta a otro alumno? ¿Evitar preguntar a los alumnos chinos...?

No es necesario que respondáis ahora a estas preguntas, aunque podéis hacerlo si queréis. Lo que quiero decir es que la labor de un profesor de ELE no consiste solo en enseñar una lengua, sino también en transmitir formas de hacer, valores socio-culturales (y socio-educativos) que amortiguen el shock cultural... Muchos de estos valores influyen directamente en el uso del idioma. Un profesor debe ser consciente que la respuesta que dé a estas situaciones está transmitiendo una información a los alumnos, y que esta información es tanto o más importante que la información que demos sobre el uso de ser y estar, sobre las corridas de toros o sobre tantas otras cosas...

Un saludo,

José

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